El primer año
Durante su dominio de 3,000 años sobre el Valle del Nilo, los egipcios anotaron gran parte de lo que pasaba en el cielo nocturno. Relacionaban la mayoría de los objetos astronómicos con dioses o diosas, o con el Nilo, cuyas aguas oscuras reflejaban el oscuro cielo nocturno.
Los planetas Marte, Júpiter y Saturno representaban distintos aspectos de Horus. A Venus le llamaban la estrella viajera, porque se mueve de un lado a otro entre los cielos del amanecer y de la tarde.
Los egipcios veían la Vía Láctea -que es el brillo combinado de millones de estrellas- como una serie de islas en un gran río.
Y diseñaron uno de los primeros zodíacos -una serie de animales situados a lo largo de la trayectoria del Sol por el cielo. Por supuesto, el cielo egipcio reflejaba criaturas comunes de la vida egipcia, como el cocodrilo, el hipopótamo y el escarabajo, así como el león y otros animales de los que HOY pueblan el cielo.
La ESTRELLA egipcia más importante era Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno. Representaba a Isis.
El año egipcio empezaba cuando Sirio aparecía por primera vez en el cielo de la mañana, hacia el solsticio de verano -el comienzo de la temporada de las crecidas del Nilo. De hecho, los egipcios creían que Sirio era responsable de las inundaciones, por lo que era importante predecir acertadamente el retorno de la estrella.
Un heraldo de ese retorno era la estrella Proción, que precedía a Sirio en el cielo de la mañana. Cuando los observadores del cielo veían asomarse a Proción por encima del horizonte antes del amanecer, sabían que Sirio no tardaría mucho.
El año estaba dividido en 12 meses de 30 días. Al final del año se añadían 5 días, para sumar 365 días. Pero el año VERDADERO dura unas horas más, que es por lo que tenemos años bisiestos, así que el calendario egipcio quedaba desacompasado en relación a las estaciones. Por eso, los egipcios usaban DOS calendarios: el calendario de 365 días y un calendario ritual que coincidía con la aparición de Sirio y con las fases de la Luna.
Los dos calendarios coincidían una vez cada 1460 años. Esta fecha se consideraba un signo de buenas suerte. Ramsés Segundo - uno de los más grandes faraones de Egipto - señalaba que había nacido escasos años después de una de esas convergencias. Quería que sus súbditos -y sus sucesores- comprendieran que su grandeza estaba decretada por las estrellas.
El caos y el orden »
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